Actor:
PEPO OLIVA
Dirección escénica:
ANTONIO FERNÁNDEZ LERA
Javier Villán (El Mundo):
(4 de octubre de 2007)
Agamenón tiene el sello indeleble de Rodrigo García. El subtítulo, Vine del supermercado y le pegué una paliza a mi hijo, es un subrayado que remite, automáticamente, a Compré una pala en IKEA para cavar mi tumba: un tono narrativo que empieza con un enunciado y se extiende por latitudes imprevisibles nada inocentes.
No hay que sorprenderse; la acidez crítica y la insolencia de Rodrigo García se alimentan de la vida diaria con sarcásticas reverberaciones míticas. Pero este Agamenón, además, tiene otros sellos; el de Antonio Fernández Lera, que lo dirige; el de Carlos Marqueríe, que lo ilumina, y el de Pepo Oliva que lo interpreta. Pepo es un excelente actor, siempre en las fronteras de una insólita marginalidad, un actor mal aprovechado por el teatro. Inyecta al texto de Rodrigo matices de cinismo, sarcasmo panfletario y cierta ternura desolada y perdida, con brutal naturalidad.
Rodrigo García, Antonio Fernández Lera, Carlos Marqueríe y Pepo Oliva se han movido, y se mueven, en parecidos mundos y muchas veces coinciden en espacios dramáticos o en proyectos más o menos utópicos de teatro en territorio comanche. Todos aportan aquí en Agamenón sus inquietudes y sus fantasmas. Y es un gozo ver reunidos a cuatro nombres clave del otro teatro, de un teatro independiente y libre más allá de una simple propuesta esteticista. Marqueríe aporta su mundo de luces y de sombras; y la dirección maneja sin estridencias un espacio poblado de pequeños objetos diversos, de muñecos a pequeña escala que aluden a otro orden de cosas; y un espejo que reordena los límites del espacio.
La poética de Fernández Lera, autor, es menos punzante y agresiva que la de Rodrigo García y eso se nota en la labor de dirección. Una especie de lírica evocadora la practica aquí Lera en un texto a cuya demoledora onda expansiva nada escapa.
Es una especie de panfleto contra el todo: el consumismo, la vida familiar y autoridad paterna como transmisora de ideologías, el imperio, los nacionalismos expansivos y excluyentes... Es una diatriba, un torrente verbal, matizado por la dirección, y reforzado por elementos ópticos; una serie de proyecciones fotográficas de naturalezas muertas al principio; y un vídeo posterior de dos gatos en actitud rabiosamente hostil que recuerda el cuadro goyesco de dos españoles dialogando a garrotazo limpio. Conforta que voces como éstas se alcen con responsable y airada insolencia.
Eduardo Pérez-Rasilla (www.madridteatro.net):
Nos encontramos, sin duda, ante un texto importante, un texto "mayor", del que no desmerece en absoluto el trabajo de Fernández Lera, Marqueríe y el actor Pepo Oliva. La audacia de Fernández Lera, al trasladar el espectáculo al territorio de lo íntimo y al juego evocador de imágenes sosegadas, tiernas y hasta infantiles, potencia aspectos menos visibles del texto. La contención interpretativa del actor, el descubrimiento, a través de su trabajo, de esa condición desvalida e insensible a su vez del personaje que encarna, emblema de la violencia ejercida y padecida, digno de compasión y desprecio, revela interesantes recovecos del sujeto del discurso. Pepo Oliva es un espléndido actor, no siempre valorado con justicia, que da aquí una nueva medida de su capacidad y su talento.
On-Madrid, El País, septiembre de 2008:
Pequeña joya para paladares exquisitos y mentes inconformistas. Pepo Oliva es capaz de bajarle el volumen al teatro de Rodrigo García y susurrarnos toda su poesía descarnada, cáustica y crítica.
Domingo Ortega (Ophelia. Revista de teatro y otras artes):
En escena, muebles y objetos en desuso de los que suelen estar en un desván, rodeados de pequeños muñecos de plástico y juguetes de antaño. Y es que el desván ocupa el lugar simbólico que para el humano tiene el inconsciente. Y continúa esta carga iconográfica en todo el trabajo de Antonio Fernández Lera, dirigiendo extraordinariamente a un excelente Pepo Oliva sereno, concreto y preciso en uno de los mejores textos de Rodrigo García.
Salir Salir Urban, septiembre de 2007:
Bien merece la pena atragantarse antes de la cena con este Agamenón (volví del supermercado y le di una paliza a mi hijo) interpretado por el actor Pepo Oliva... en absoluto estado de gracia, consigue que nos comamos con mostaza la poética suicida de García y sus alitas de pollo cocinadas en cubos de basura.
[Actualizado el 6 de abril de 2007]